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Jugando con mis sobrinos

YA TENÍA TIEMPO QUE NO JUGABA CON MIS SOBRINOS !!

Luego de llegar a casa y de haberme pegarme una tremenda asoleada, con hambre y sueño, voy a comprarme de cenar, entro a la casa y ahí está uno de mis sobrinos iniciando una conversación con una pregunta:

¿Jugamos, tío?

Lo que menos me quedaban eran energías para jugar o salir a algún lado. Solo unas pocas para cenar, bañarme y acostarme. Pero por la tarde ya le había dicho que sí jugaríamos. «Cuando llegue de las vueltas que tengo que hacer»- recuerdo que le dije.

¡Y cómo decirle que no! Y más con la carilla que ponen. ¡Cómo decirle que su tío no tiene palabra!

Me dió la opción de escoger entre jugar «al gato o al ahorcado». 

Bueno, vamos a jugar a los dos. Uno y uno -le dije.

Y entre adivinando palabras, ahorcando a un monito en la libreta, pegándole mordidas a los tacos antes de que se enfríen y dejándome perder en «el gato», ahí estamos por fin: JUGANDO.

Las risas y mofas cada que uno u otro ganaba no las podíamos evitar. Y esto llamó la atención de mi sobrina. Que sale de su recámara, se acerca y pronto se integra al juego.

Pero ella no quería jugar a eso. Mi sobrino es más de jugar con carritos y juegos de mesa, dibujar o juegos en la libreta. Pero ella es de libros. Ella quería hablar de sus libros. Tiene todos los de Harry Potter que tienen como más de 600 hojas cada uno. Y ya se ha devorado como 6 en este año. Creo que ella ya ha leído más libros de lo que yo en 2 años.

 

Ella me preguntaba si conocía a no sé qué personaje de sus libros que si a un tal Ron, que si a no sé que nombre de una araña gigante, o a uno como monstruo que tiene cabeza de águila, alas, y cuerpo de no sé que, al que le tienes que hacer reverencias para que no te hagan daño o algo así entendí. También me hablaba de unos como pajaritos gorditos que jugaban con ellos como pelota, pero que luego ya no, porque se estaban extinguiendo. Y que una vez una persona salvó uno, pero le costó muy caro y tuvo que pagar no sé cuanto.

Le doy otra mordida al taco, pongo otra letra en la palabra que ahora me toca adivinar con mi sobrino en el juego del ahorcado y sigo escuchando a mi sobrina.

Y de pronto ahí estoy, viendo toda la escena como en cámara lenta en la que veo cómo se le iluminan los ojos a mi sobrina por estarme contando las historias de sus libros, y le hago preguntas de lo que me cuenta para mostrarle interés y veo cómo disfruta compartirme su mundo.

Mi sobrino se vuelve a mostrar super feliz y hasta aplaude por haberme ganado 4 veces seguidas en el gato y por haber logrado adivinar una palabra con muchas vocales, que le puse.

Guardo la mitad de la cena que se me enfrió. Y ahora quieren enseñarme los juegos de destreza física que aprendieron en «el after» en la escuela. Van a ser casi las 11 pm y ellos, aunque es fin de semana, saben que ya se tienen que ir a acostar. Pero les permito que me los muestren.

«Es un juego en el que tienes que ponerte así en el suelo y sostener con tus rodillas la espalda de otro compañero. Y luego con las rodillas de él, sostener al siguiente y así». -me dicen.

 

Lo intentamos hacer y ahí estamos los 3 en la sala risa y risa sosteniéndonos unos a otros hasta que uno ya no pueda sostener al otro y todos nos caigamos al suelo.

La «pila baja» o bajón que en un inicio tenía cuando recién llegué, se me fué. No sé si recargué energías con la media cena que me «zumbé» entre juego y juego… o si tal vez fué la risa y energía que me inyectaron mis sobrinos con su alegría.

Sí. Ya tenía tiempo que no jugaba con mis sobrinos. Pero me prometo que no los descuidaré y jugaré más seguido con ellos.

Y yo ahorita con tanta energía que cargué con ellos, siendo en este momento las 3 de la mañana… mientras ellos ya duermen… a mí se me fué el sueño y ahora no sé que hacer.

Pero me queda un aprendizaje…

Disfrutar cada momento con mi familia, por pequeño que sea.

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